
“No vayas adonde te conduzca la senda; por el contrario: ve adonde no haya senda, y deja un rastro.”
La cita de Emerson describe la esencia de la investigación médica. También es el lema en el cual Naomi Hoffman basa su vida.
Naomi es una mujer de 24 años de edad; se graduó recientemente y está comprometida para casarse. Es activa, extrovertida y positiva. También es una sobreviviente del cáncer.
A los siete años, se le diagnosticó una leucemia mielógena aguda (AML), una enfermedad que causa la producción de demasiados glóbulos blancos que desborda a los glóbulos rojos y a las plaquetas saludables. Sus chances de sobrevivir eran mÃnimas. Tras infinitas sesiones de quimioterapia, seguidas de radiación sobre todo su cuerpo, recibió un transplante salvador de médula ósea sana de su hermanito de nueve años de edad, Nathan, que reemplazó su médula cancerosa.
El tratamiento contra la leucemia de Naomi funcionó. Su leucemia está en remisión, y probablemente no vuelva. Sin embargo, a pesar de este triunfo médico, la batalla de Naomi aún no ha terminado. Como resultado de su tratamiento intensivo contra el cáncer, ella ahora experimenta problemas de salud adicionales. Los tratamientos que le salvaron la vida le han causado la entrada a la pubertad a edad precoz, y ella probablemente no pueda tener hijos. Su corazón debe ser revisado dos veces al año para asegurarse de que la quimioterapia y la radiación no lo hayan dañado. Recientemente, la radiación que recibió para salvarle la vida cuando tenÃa 7 años de edad ha resultado en que se le diagnosticara un segundo cáncer – esta vez un carcinoma tiroideo papilar.
La historia de Naomi nos recuerda que los Investigadores biofarmacéuticos deben continuar yendo “adonde no hay senda” y encontrar nuevas curas y mejores tratamientos para enfermedades tales como la leucemia infantil. Si a Naomi se le hubiese diagnosticado la enfermedad hoy, terapias especÃficamente orientadas podrÃan haber reducido los problemas médicos adicionales y el cáncer secundario. A los niños con diagnóstico de leucemia, estos avances nunca les llegan demasiado pronto.
Como a muchos otros niños de siete años de edad, a Joey Procopio le encanta pasar el tiempo con su perro y practicar deportes con sus amigos. No obstante, cuando Joey tenÃa cinco años le diagnosticaron una forma de cáncer que afecta la médula ósea, impidiéndole producir los glóbulos rojos necesarios. La enfermedad, la leucemia linfoblástica aguda, (o ALL), es el tipo más común de leucemia en personas con menos de 19 años de edad. En los años 90, los niños a quienes se les diagnosticaba una ALL solo tenÃan un cinco por ciento de de oportunidad de vivir cinco años. Desde entonces, sin embargo, se han desarrollado muchos nuevos medicamentos para ayudar a combatir la enfermedad. Ahora, la oportunidad de sobrevivir cinco años es del 85%. Desde que este tratamiento comenzó, Joey ya ha confiado en más de una docena de medicamentos para mantenerse saludable.
Su madre nos relata cómo afectó esta experiencia a Joey y a su familia:
Joey tenÃa cinco años cuando se le diagnosticó una Leucemia Linfoblástica Aguda (célula T). Nuestra vida cambió el 7 de junio de 2003. Cuando le pregunté qué habÃa sentido cuando se la diagnosticaron por primera vez, simplemente levantó los hombros y dijo: “Yo qué sé…”. Él no habla mucho sobre su cáncer. Lo que te puedo contar es cómo es ser un padre y ver a tu hijo sufrir. Cuando oyes esa terrible palabra: “cáncer”, caes en una especie de niebla entumecedora. Te duele incluso respirar. Tuvimos que aunar esfuerzos y entrar a su cuarto del hospital y decirle que estaba muy enfermo, pero que se iba a mejorar. Lo tomó con mucha fortaleza y mucha fe. Él es una fuente de inspiración. En un momento era un niñito normal; en el siguiente, era un paciente de cáncer. Tuvo que comenzar una quimioterapia y llevar un tubo Broviac (un tubo ancho usado para pasar medicamentos y nutrición) en su pecho el dÃa siguiente.
Nos dijeron que su tratamiento durarÃa 3 años y dos meses. Si Dios quiere, estará terminado en agosto de 2006. Los medicamentos lo hicieron sentirse enfermo y cansado. Algunos le causaron un dolor inmenso en la mandÃbula y en las articulaciones. Otros simplemente lo hicieron verse como un paciente de cáncer. Los esteroides le redondearon la cara y la barriga. Al comienzo, la medicación era tan intensa que no podÃa siquiera subir las escaleras. Se quedaba principalmente tirado en el sillón sintiéndose mal y asustado, pero nunca se quejó. Cuando tiene fiebre, tiene que ser hospitalizado, normalmente durante un mÃnimo de tres dÃas, para que puedan determinar la causa y ayudar a su cuerpo a defenderse de ella. Tiene dos hermanas cuyas vidas también cambiaron. Han sido increÃbles, y han tenido que manejar más cosas que los chicos de su edad.
Hemos tenido la bendición de que estos medicamentos hayan atacado su leucemia y la hayan puesto en remisión a los 10 dÃas de tratamiento. Por supuesto que estos medicamentos traen aparejados efectos colaterales. Él puede desarrollar, o no, otros problemas debido a estos medicamentos; sin embargo, él no estarÃa ahora aquà con nosotros sin ellos.
Hoy, Joey está mejor. Pudo jugar en un equipo de básquetbol esta temporada y pronto estará jugando en un equipo de béisbol. Va a la escuela medio perÃodo y también tiene un tutor que viene a casa. Nuestra vida familiar aún no ha vuelto a lo “normal” -hemos dejado de procurar eso. Tenemos un nuevo “normal”. Encaramos los dÃas uno por uno, y cuando la vida nos tira otra curva, apenas nos abrazamos y la enfrentamos juntos. Contabilizamos nuestras bendiciones, pues son muchas.
Sobreviviente de cáncer de mama
Estos dÃas nada se interpone en el camino de Gerri Forester. A Gerri se le diagnosticó un cáncer de mama hace tres años. A la semana de su diagnóstico, Gerri pasó por una cirugÃa exitosa para extraer el tumor. Gracias a sus buenos instintos y a los tratamientos eficaces, Gerri ahora está sana. “He estado libre del cáncer durante tres años — lo que es maravilloso”, nos dice. Para terminar su tratamiento de cáncer de mama, seguirá tomando sus medicamentos durante dos años más para evitar que el cáncer pueda volver. Hoy, a la edad de 62 años, ella tiene la energÃa como para realizar sus tareas cotidianas como siempre.
Además de su terapia del cáncer, Gerri también toma medicamentos para tratar convulsiones y temblores que durante años la afectaron. Cuando se las deja incontroladas, estas condiciones la “inhabilitan para hacer nada”. Comprensiblemente, ella dice, “No puedo abandonar mi medicación. Debo tomarla.” Dependiente de un ingreso fijo y sin una cobertura de seguro adecuada, costear estos medicamentos ha sido difÃcil. Siguiendo el consejo de una amiga, Gerri se dirigió a un programa de asistencia a pacientes llamado Rx, para Rhode Island (www.rxforri.org), que es patrocinado por una asociación entre el estado, organizaciones comunitarias y empresas farmacéuticas. Por medio de ese programa, Gerri pudo obtener de las compañÃas fabricantes sus medicamentos, a precios significativamente reducidos.
Con su sonrisa cálida y su buen corazón, Gerri se ha vuelto muy popular en su edificio. Siempre ha tenido una debilidad por los mayores y una vez trabajó en un Centro de Ancianos en su ciudad natal, Coventry, en Rhode Island. Ella cree que su medicación le otorga la libertad de mantener su estilo de vida. Llena sus dÃas ayudando a los amigos mayores que tiene en su edificio. “Hago mucho trabajo voluntario, llevo a las personas a hacer compras, o al médico,” dice Gerri.
Cuando se sienta y piensa en cómo ha mejorado su salud, Gerri frecuentemente recuerda la lucha de su madre contra un cáncer de mama años atrás. “Hacen muchas cosas hoy,” dice Gerri. Cuando su madre se enfermó “no habÃa radiación, no habÃa quimioterapia” y ella perdió su batalla contra el cáncer. Los nuevos tratamientos y los mejores diagnósticos significan que Gerri y futuras generaciones tendrán mejores oportunidades en la lucha contra el cáncer de mama.