Juan Martín Caro

06.07.07

Juan Martín Caro es un niño alegre y feliz.  A primera vista nadie puede imaginarse la lucha que ha enfrentado desde su nacimiento para llevar una vida normal pues carece de la facultad auditiva. Juan Martín nació en Colombia prematuramente hace once años. Al nacer sufrió una anoxia cerebral, es decir, falta de oxigenación al cerebro.  Inicialmente su cuadro patológico era muy grave aunque los médicos desconocían con certeza los daños. Después de pasar casi tres semanas en la sala de cuidados intensivos sus padres recibieron la noticia de que Juan Martín había perdido la audición es decir, era un niño sordo.

“Dentro de lo que pudo haber sucedido la pérdida del oído y por consecuencia del habla no era algo de gravedad aunque si nos lleno de tristeza†nos dice Audrea madre de Juan Martín. “Fue nuestro segundo hijo y como cualquier familia esperábamos su llegada con gran ilusión y esperanza. Cuando salimos del hospital no sabíamos ni por dónde empezar a buscar ayuda†comenta.

Cuando Juan Martín tenía un año, la familia se mudo a radicar en Miami, FL. en donde continúo la búsqueda de nuevas esperanzas para que el niño pudiera recobrar su facultad auditiva. En Colombia, los médicos habían determinado que no había nada más que hacer más que resignarse a que el niño sería sordo mudo por lo cual la familia debía aprender a hablar en señas.

La abuela de Juan Martín, enfermera profesional, no estaba tan convencida del diagnóstico e incentivaba a la familia a buscar nuevos adelantos científicos que lo pudieran ayudar. Fue así como en una visita a Colombia Audrea encontró a un especialista que le dio una esperanza de que el niño pudiera utilizar unos audífonos especiales y comenzar a tomar terapia del lenguaje.  Al volver a Miami y siguiendo las sugerencias del médico encontraron a un especialista que pudiera ayudarlos y  comenzaron a llevar al niño a tratamientos semanales. Lo difícil de la situación era que la familia era de habla hispana y los médicos les aconsejaron que Juan Martín comenzara su terapia en inglés por lo que la familia debía adaptarse a hablarle en un idioma extranjero. “Elegimos el inglés ya que las posibilidades de tratamiento y recuperación para mi hijo eran mucho mayores†comenta Audrea “pero no era nuestro idioma en la casa y requirió un tiempo de adaptación para que nosotros tres pudiéramos hablarlo con facilidad. El personal médico no entendía nuestra disyuntiva y en ocasiones me hicieron sentir como si yo fuera una mala madre porque pensaban que no me dedicaba de lleno a aprender el idioma para ayudar al niño. Ellos no entendían que aunque Juan Martín es un hijo muy especial yo también tenía otro pequeñito que requería también de mi atención y tiempo al igual que mi marido y el negocio que estábamos comenzando†continúa.

A los cuantos meses de iniciada la terapia Juan Martín dejó de emitir sonidos, sus audífonos ya no le servían y había perdido totalmente la audición lo cual fue devastador para la familia.

En la continua búsqueda por encontrar otra salida, un médico les sugirió explorar la posibilidad de que le pusieran el llamado implante Cochlear. Este es un aparato electrónico diseñado para proveer información auditiva a personas que tienen una sordera profunda con daños en los nervios auditivos y que no poseen la habilidad escuchar con la ayuda de ningún otro tipo de aparato auditivo.  Este implante comenzó a utilizarse científicamente hace 30 años en Francia, y desde entonces la tecnología ha ido mejorando considerablemente dándole a personas totalmente sordas la posibilidad de escuchar y empezar a hablar.

“Investigamos y vimos nuevamente una luz de esperanza. Sometimos a Juan Martín a la operación y comenzamos este nuevo proceso aunque inicialmente el progreso era mínimo pues además de terapias constantes el niño requería atenciones especiales y mucho tiempo. Tanto mi marido como yo comenzamos a sentirnos nuevamente culpables y frustrados del poco adelanto de nuestro hijo†dice Audrea.

Entre visitas a terapeutas y médicos, una de las enfermeras les presento la oportunidad de internar a Juan Martín en una escuela especializada  para niños con éste tipo de problemas. Aunque la idea era interesante las únicas escuelas disponibles  se encontraban fuera de Miami. Una en Jacksonville, al norte de la Florida y otra en San Luis Misuri. La posibilidad de mandar a un niño de cuatro años a vivir en un internado era algo que la familia no había siquiera contemplado. Después de varios meses de una lucha constante por conseguir una mejoría del niño comenzaron algunos problemas maritales los cuales culminaron con imposiciones de tiempo y obligaciones con Juan Andrés, el hermano mayor de Juan Martín pues era quien mejor hablaba inglés de la familia.

Al cabo de unos meses y de analizar la situación decidieron acudir a la escuela de Jacksonville y alquilaron un departamento cerca de la escuela en donde Audrea viviría con Juan Martín mientras que su marido y su otro hijo volvían a  Miami. La situación no fue nada fácil pues comenzó a sentirse la falta de la familia ya que después de seis horas de viaje en cada dirección los viernes y los domingos el estrés comenzó a aniquilar el interés de reuniones familiares semanales.

A pesar de los esfuerzos y sacrificios, decidieron que la unión familiar era muy importante y al no ver mucho progreso en Juan Martín decidieron regresarse  a Miami. Luego de esto surgieron algunos cursos especializados para el niño pero los esfuerzos no continuos impedían que hubiera un progreso estable. Varios terapistas hablaron con los padres haciéndoles ver que si el niño no recibía el cuidado intensivo necesario a su corta edad, perdería la oportunidad de aprender a hablar.

Después de largas conversaciones e investigaciones al respecto, Felipe y Audrea decidieron que la mejor oportunidad que podían ofrecerle a su hijo Juan Martín de tener una vida normal dentro de sus circunstancias era enviándolo a vivir en una de estas escuelas especializadas y optaron por el Instituto St. Joseph en la ciudad de San Luis Misuri. Ahí comenzó a recibir entrenamiento especial y clases particulares  enfocadas en mejorar su problema así que con un gran dolor, pero un corazón lleno de amor y una gran ilusión por lo que el futuro pudiera brindarle a su hijo, lo llevaron al internado en donde vive desde hace dos años. “La decisión no fue fácil†comentan los padres “al principio nos negábamos rotundamente a separarnos del niño pero finalmente comprendimos que no estamos solos con este problema que hay cientos de familias atravesando por la misma situación y que debemos desapegarnos de los afectos y abrir los ojos ante las grandes oportunidades que le estaríamos quitando a nuestro hijo al  no permitirle progresar. Al ser un niño con limitaciones físicas debemos apoyarlo en su búsqueda para poder vivir una mejor vida. No podemos limitarle su potencial de crecimiento simplemente porque queremos tenerlo viviendo bajo nuestro mismo techo. Juan Martín es nuestro hijo y lo amamos, y precisamente por ese amor tan grande que sentimos por él estamos sacrificando el tiempo que pasa lejos de nosotros por su propio bien y su beneficio. Eso es lo que significa amar a un hijo y aunque pasamos muchas horas todos los días anhelándolo, sabemos que estamos haciendo lo correcto†continúan.

Al ver a Juan Martín hace unos días mientras visitaba a su familia en Miami pude constatar el gran progreso que el pequeño ha tenido. A pesar de su sordera gracias a los implantes y al arduo entrenamiento y dedicación hoy en día es un niño que puede hablar casi normalmente.  Es increíble poder percatar lo que el progreso médico y la dedicación del personal especializado pueden lograr. Un pequeño que hace veinte años hubiera vivido una vida solitaria dentro de su sordera es ahora un niño feliz que goza de sus vacaciones en compañía de su familia. Cuando veo casos como éste no puedo más que dar las gracias por las grandiosas oportunidades médicas con las que contamos en la actualidad y recordar que a pesar de todo siempre ¡vale la pena vivir!