Estaba reposando un momento en la habitaci贸n de mi hotel en Los 脕ngeles cuando son贸 el tel茅fono. Era A铆da, mi publi-relacionista que me informaba que la productora de un programa televisivo en el que me hab铆a presentado esa tarde la hab铆a contactado. Ella hab铆a recibido la llamada de una muchacha llamada Micaela que aparentemente padec铆a c谩ncer, estaba en una situaci贸n muy dif铆cil y necesitaba orientaci贸n. Decidimos invitarla a la charla que yo dar铆a esa noche para una organizaci贸n en contra del c谩ncer para tener la oportunidad de conocerla y escuchar su caso.
Cuando llego al evento luc铆a un lindo vestido negro y cuando se acerc贸 a conocerme me percat茅 de su estado avanzado de embarazo. 鈥淪oy Micaela鈥 me dijo, 鈥渢rabajo como payasita en las calles del Este de Los 脕ngeles, tengo una ni帽a de cuatro a帽os y ahora estoy embarazada y tengo un tumor mayor que la cabecita de mi nueva bebita. Los m茅dicos no me dan muchas esperanzas. Al principio me recomendaban que no tuviera al beb茅, pero yo pienso que si Dios me lo ha mandado es por alguna raz贸n鈥.
Su situaci贸n me conmovi贸 enormemente pues me encontr茅 con una muchacha joven, humilde, viviendo en un pa铆s ajeno al suyo, sin un trabajo estable, sin una pareja que la apoyara y aceptando su mortal enfermedad con una manera digna y noble.
Micaela hab铆a sido atendida en un hospital cerca de la casa en donde se encontraba la peque帽a habitaci贸n que compart铆a con su prima pero al haberse negado a seguir las indicaciones de los m茅dicos le hab铆an cesado la ayuda. Estaba desesperada pues su prognosis era muy mala. Se cre铆a que al dar a luz el c谩ncer estar铆a tan avanzado que morir铆a. Esa noche pudimos conseguirle los servicios gratuitos de un abogado que se encargar铆a de su cremaci贸n y de mandar sus cenizas a Guadalajara, M茅xico con su hermana. As铆 mismo, 茅l se har铆a cargo de que聽 la reci茅n nacida聽 fuera trasladada con su hermanita con la familia de Mica.
Esa noche me fui a dormir con un nudo en la garganta. A pesar de que mi lucha contra el c谩ncer hab铆a sido muy dura, mi vida estaba llena de bendiciones. No pod铆a evitar el comparar mi situaci贸n a la de Mica y aunque daba gracias por mi buena fortuna me afectaba el dolor de ella.
Al d铆a siguiente hablamos con algunas personas de otro centro m茅dico a donde yo hab铆a sido invitada a dar una pl谩tica. Ellas se ofrecieron a estudiar el caso de Mica y a tratar de ayudarla as铆 que las pusimos en contacto y nosotros continuamos de viaje con nuestra gira.
A los pocos meses recib铆 una llamada de Mica. Su voz era alegre y llena de esperanza. Hab铆a dado a luz a una hermosa ni帽a y estaba reaccionando favorablemente a los tratamientos m茅dicos. El tumor m谩s grande se estaba encogiendo y ten铆a聽 probabilidades de recuperarse.
Eso me hizo pensar en los incre铆bles avances m茅dicos con los que contamos actualmente y si a eso unimos una actitud positiva y muchas ganas de vivir, se pueden lograr milagros.
Han pasado dos a帽os desde que Mica fue dada de alta. Ha continuado su trabajo como payasita y los fines de semana vende tamales y chocolate caliente en las calles de Los 脕ngeles. Mica es una luchadora y aunque sabe lo valioso y fr谩gil que puede ser la vida, esta conciente de su belleza y ahora la vive en plenitud. Nadie sabe lo que el destino le depara pero ella contin煤a viviendo d铆a con d铆a. Lleva dos a帽os libres de c谩ncer. Se hace sus revisiones continuas y como ella misma me dice 鈥淎 partir del nacimiento de mi segunda hija, estoy viviendo en tiempo extra. He conocido lugares y gente extraordinaria que de no haber sido por la enfermedad no lo hubiera hecho. Amo la vida pero estoy preparada para partir cuando llegue mi tiempo鈥.
A Mica y a todas las mujeres que luchan por su vida y por sus hijos como ella, quiero decirles que tienen mi respeto y admiraci贸n.
Recuerden que la vida es una, bella y a pesar de todo 隆Vale la pena Vivirla!